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La tecnología que impulsa UPM Racing: Del aula al asfalto

23/03/2026
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UPM Racing

Aún recuerdo el día que entré por primera vez al taller de UPM Racing, hace ya dos años. Mi única experiencia en el mundo de la ingeniería eran las ecuaciones y teoremas que vemos en clase, pero que rara vez podemos aplicar al mundo real, pero al entrar te encuentras un mundo muy distinto de cómo lo describen los libros, y es que el mundo real dista mucho del ideal que se ve en clase. Las piezas que se hacen en el ordenador tienen que fabricarse y encajar entre sí, y como se suele decir, el CAD lo aguanta todo, pero la realidad es muy distinta. Es el arte de hacer que las cosas funcionen de verdad, bajo presión y cuando nada sale a la primera.


Hoy, después de una competición y siendo responsable de la división de Chasis, veo las cosas muy distintas. La Formula Student es más que "una competición internacional de diseño", para nosotros es un estilo de vida. Es el desafío de construir un monoplaza desde cero para medirnos de tú a tú con universidades de todo el mundo, sí, pero es mucho más que eso, tenemos que aprender a gestionar presupuestos, plazos, personal y otros recursos, de manera que es muy similar a una pequeña empresa. Cuando entras solo te centras en lo técnico: que si la fibra de carbono, que si la potencia del motor... pero pronto aprendes que un coche ganador necesita mucho más que buenos cálculos.


Mucho más que correr contra el crono


Uno podría pensar que una competición de monoplazas se resuelve con pruebas “dinámicas” en las que los coches se miden entre sí en la pista, y en parte es así, pero en este caso es solo la mitad de la competición.


La otra mitad es única en el mundo del automovilismo, y es que tenemos que presentar y justificar las decisiones que tomamos durante la temporada: por qué los alerones son así, por qué la batería tiene esas celdas, por qué hemos elegido esta secuencia de laminado... y se lo tenemos que contar a jueces que llevan varias décadas dedicados a ese tema concreto.


Ahí no vale el "porque sí". Tienes que demostrar con datos y simulaciones por qué tu diseño es el mejor. Nos tenemos que enfrentar a un momento de crecimiento personal y profesional, ya que no sirve solo tener los mejores datos, sino también el exponerlos de manera clara, concisa y convincente.


Tampoco sirve decir que algo es así porque estaba así cuando llegué, nos obliga a investigar por qué se hace de una u otra manera y a justificar ideas que no son nuestras, algo difícil para un ingeniero.


De aprendiz a "apagafuegos": el reto de gestionar


Si el primer año es duro por todo lo que aprendes, el segundo te cambia la mentalidad por completo. Pasas de vivir en tareas técnicas y estar “en el barro”, a tener responsabilidades y ser el gestor de un grupo de personas. Cuando asumes el rol de responsable de división, te das cuenta de que la ingeniería es también gestión de personas, presupuestos y mucha, mucha planificación.


Aquí es donde desarrollamos esas habilidades que llaman soft skills, pero que se puede llamar “aprender a sobrevivir". Empiezas gestionando piezas y acabas gestionando crisis, ya que, de un día para otro, todo lo que has planificado puede saltar por los aires. De pronto, tu trabajo no es solo asegurar que el chasis sea rígido; es cuadrar un diagrama de Gantt que parece imposible de cumplir, es pelear cada euro del presupuesto para sacarle la máxima rentabilidad y, sobre todo, es saber tomar decisiones cuando no tienes toda la información y el tiempo corre en tu contra.


Pero también tiene algo muy bonito: te toca cuidar de los nuevos miembros del equipo. Enseñar y motivar a los nuevos es quizás la tarea más difícil y gratificante. Es así como aprendí que lo más importante en cualquier empresa no es su tecnología, sino la gente que la desarrolla, mantiene y evoluciona.



GMV: Un socio, no solo un logo


En esta locura de alto rendimiento, tener el apoyo de empresas como GMV es un privilegio. Para nosotros, GMV no es solo una pegatina en el alerón. Es un puente real hacia lo que queremos ser.


Cuando nos invitan a visitar sus instalaciones, o en las charlas que nos dan, salimos de nuestra burbuja universitaria y vemos la realidad del mundo laboral. Ver cómo los ingenieros aplican la tecnología en proyectos reales nos sirve para confirmar que nuestras habilidades y conocimientos importan. Nos inspira comprobar que lo que hacemos a pequeña escala en el taller tiene un reflejo directo en la industria más puntera.


Esa cercanía se nota. La relación es tan natural que muchos compañeros, al graduarse, acaban trabajando allí. GMV actúa como un acelerador para nuestra carrera, enseñándonos los estándares de calidad que pide el mercado real antes incluso de que firmemos nuestro primer contrato.


Con la mirada puesta en el verano


Ahora mismo, tras miles de horas de taller y mucho café, tenemos el objetivo claro: fabricar y defender el coche de esta temporada. Trabajamos todos los días para llegar al verano listos para representar a nuestra universidad en Europa.


Es un reto enorme, pero lo afrontamos con la ilusión de saber que no estamos solos. Contar con el apoyo de patrocinadores como GMV nos da la seguridad necesaria para cruzar la meta. Gracias a esta unión, no solo estamos fabricando un coche de carreras; estamos construyendo, día a día, los ingenieros que seremos mañana.

 

 

Autor: Teresa Giménez Muñoz

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