Lecciones aprendidas en el “Desafío Argos”

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Tras dos años de competición, pasado ya el ecuador del desafío, creo que es un buen momento para compartir algunas de las lecciones aprendidas, algunas confirmando las expectativas y suposiciones iniciales, otras con más componente de sorpresa o hallazgo.

Primero de todo una breve introducción al “Desafío Argos”. Se trata de una competición internacional convocada por la petrolera francesa Total para el desarrollo y demostración del primer robot autónomo para operaciones de inspección y monitorización de plantas de hidrocarburos. GMV consiguió la nominación para liderar uno de los cinco equipos seleccionados entre las decenas de propuestas presentadas, el equipo FOXIRIS. Esta competición internacional incluye tres rondas de clasificación entre 2015-2017, pruebas intensivas con una semana de duración y sólo tendrá un ganador. Actualmente preparamos la última y definitiva prueba, tras haber superado con éxito las dos anteriores.

Con estas premisas, aquí va el resumen de algunas de las lecciones aprendidas:

  1. Primero de todo, se confirmó que la recolección y entendimiento de los requisitos era parte del problema a resolver, como ya es habitual. La comunicación eficiente entre personas y sectores distintos necesita tiempo y esfuerzo, y conjugar soluciones robóticas avanzadas con la problemática real de operaciones de inspección de una plataforma petrolífera desde luego no es inmediato.
  2. Hay que tener en cuenta la realidad de la operación en un entorno potencialmente explosivo. Por ejemplo, el cumplimiento de la certificación ATEX, normativa para la prevención de riesgos en atmósferas explosivas, tiene ciertamente su miga. ¿Normativa ATEX? Sí, sí, esa misma que nos “obliga” a apagar los teléfonos móviles cuando vamos a una gasolinera por el peligro de que se produzca una chispa en un entorno potencialmente inflamable. ¡Ya me gustaría saber si alguien lo hace para felicitarle personalmente! Esta normativa tiene un importante impacto en el diseño del robot y en qué materiales y componentes se pueden utilizar y cuáles no: por ejemplo los componentes que pudieran producir chispas como baterías, motores o electrónica deben estar suficientemente protegidos para aislarlos del entorno, o reemplazados por otros componentes con certificación ATEX.
  3. El conflicto entre los mundos IT (Tecnologías de la Información, donde casi todo es posible, a priori o a posteriori) y OT (Tecnologías de la Operación, la realidad del día a día, con múltiples regulaciones y procesos a cumplir/respetar) es mucho mayor de lo esperado. Por una parte, un desafío como Argos tiene una componente de integración de tecnologías y demostración de capacidades de hacer determinadas tareas con robots (lo que ciertamente motiva, y bastante), por otra importa mucho el cómo se hacen dichas tareas (es decir: costes, tiempos, fiabilidad, disponibilidad, mantenibilidad, seguridad, etc.) y por tanto no siempre las últimas tecnologías son viables. Esta puede ser una dolorosa lección, pero así es la realidad, distinta de la ficción.
  4. Pero hay mucho más si se trata de que una solución robótica aporte valor real: el mundo OT exige definir una serie de procesos con todo lujo de detalles, y también cumplir rigurosamente con todas las normas y regulaciones aplicables, lo que precisa de bastantes años de trabajo para probar si de verdad se aporta valor vía reducción de coste o aumento de eficiencia. Hablamos de ciclos de innovación de 10 años (p. ej. industria química) a 30 años (p. ej. industria nuclear), con lo que ojito a la hora de definir expectativas: por mucho que nos hagan creer algunas noticias del mundo I+D, los cambios no suceden tan rápidamente como se escribe o comenta. En Argos hablamos de una posible transformación de las operaciones de una compañía petrolera, y por tanto en el mejor de los casos llevará unos cuantos años y mucho trabajo.
  5. Para no aburrir demasiado, una última lección: ¿pero quién es el verdadero cliente? Como ya se ha demostrado en otros sectores industriales, los clientes finales no compran necesariamente tecnología, ni siquiera soluciones, sino servicios, y por tanto hace falta la correspondiente cadena de valor por la parte de la oferta. La buena noticia es que haya algunos clientes interesados en que exista esa oferta y en explorar/probar nuevas soluciones, así que nuestro agradecimiento por tal decisión y la posibilidad de participar.

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Autor: Juan Carlos LLorente

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