Cajeros automáticos y la batalla de las comisiones

El pasado mes de marzo, Caixabank acaparó muchos de los titulares de prensa anunciando la aplicación de nuevas comisiones para los clientes de otros bancos que hicieran uso de sus cajeros.  Esta decisión parecía ser una respuesta a la estrategia lanzada por ING y otros bancos virtuales de permitir a sus clientes usar todos los cajeros sin pagar ninguna comisión. No tardaron en llegar las respuestas del resto de implicados, denuncias de las organizaciones de consumidores, bancos sumándose a la medida, cajas de ahorro posicionándose en contra, etc. Ante el continuo crecimiento del ruido y la evidencia de una falta de regulación, el gobierno ha tenido que mojarse y marcar unas normas mínimas a través de un decreto ley que vio la luz el pasado 2 de octubre. Ahora la normativa está clara, pero existen muchas dudas sobre la evolución del mercado en este nuevo escenario.

CaixaBank

El funcionamiento hasta ahora

España cuenta con una red más de 50.000 cajeros automáticos, la más extensa de toda la Unión Europea, a través la que se realizan anualmente más de 1.000 millones de retiradas de efectivo. Los cajeros se agrupan en torno tres redes: Servired, red 4B y red 6000. Hasta ahora, el banco emisor de la tarjeta era el que decidía aplicar o no comisiones por el uso de cajeros de otras entidades.

A medida que algunos bancos más pequeños empezaron a reducir sus políticas de comisiones, se empezó a producir la paradoja de que clientes de entidades con muy poca presencia tuvieran a su disposición más cajeros gratuitos que clientes de entidades con un elevado número de cajeros. Esto fue lo que provocó la respuesta inicial de CaixaBank que fue después secundada por BBVA y Santander

La aplicación unilateral de nuevas comisiones por parte de las entidades dueñas de los cajeros provocaba que a muchos usuarios se les cobrara dos veces por un mismo servicio.

Las nuevas reglas para aplicar comisiones

La nueva normativa que deberá ser aplicada a partir del 1 de enero de 2016 establece las siguientes normas:

  • La comisión no se podrá cobrar directamente al cliente final, sino al banco emisor de la tarjeta
  • El banco emisor de la tarjeta podrá trasladar esa comisión integra o reducida (incluso eliminarla). No podrá aplicar ninguna comisión adicional, salvo que el dinero se obtenga a crédito.
  • Se permitirá que existan acuerdos bilaterales entre entidades para reducir estas comisiones.
  • No se limita el importe de las comisiones, aunque se pide a la CNMC que “vigile” para que no se producen abusos o discriminaciones. Para ello todas las entidades tendrán que enviar a la CNMC la información referente a comisiones, costes asociados y acuerdos con otras entidades.

Posibles impactos del nuevo escenario

A la vista de la normativa, la mayor parte de las opiniones coinciden en que la nueva situación favorece claramente a los bancos que cuentan con un mayor despliegue de cajeros propios. Para éstos, unas comisiones altas pueden traducirse en una ventaja competitiva a la vez que en una forma rápida de conseguir ingresos a costa de los clientes de otros bancos. A primera vista no  parece previsible que las comisiones vayan a reducirse, al menos de forma significativa.

Parece lógico pensar que los acuerdos, de producirse, serán entre entidades con números de cajeros similares, especialmente las muy grandes. Las entidades con poca presencia y especialmente los nuevos modelos de banca “online” poco podrían aportar a dichos acuerdos y a corto plazo serán los grandes perjudicados.

No sería descartable que en una “guerra de comisiones” se diera una cierta migración de clientes hacia bancos con mayor número de cajeros. Los usuarios que se mantengan en una entidad pequeña pueden notar una mayor dificultad para conseguir dinero en efectivo, que les resultará más caro (pagar) o más molesto (buscar un cajero).

Si acaba existiendo una clara diferencia entre las comisiones de pagos por tarjeta de crédito (entre 0,2% y 0,3%) y las de los cajeros es posible que alguien intente aprovecharlo. Seguro que ya hay quien está echando cuentas para aprovechar ese hueco.

Otra posible derivada de esta situación es que exista un creciente porcentaje de usuarios que intenten reducir sus necesidades de dinero en efectivo utilizando otras alternativas de pago en la medida de lo posible. Quizás esta tormenta acabe provocando el impulso necesario para que las soluciones de pagos móviles consigan una penetración significativa.

 

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Autor: Crescencio Lucas Herrera

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