Inicio Atrás Nueva búsqueda Date Min Max Aeronáutica Automoción Corporativo Ciberseguridad Defensa y Seguridad Financiero Sanidad Industria Sistemas inteligentes de transporte Servicios públicos digitales Servicios Espacio Blog Corporativo Crecer con los proyectos, quedarse por la gente 15/06/2026 Compartir Una reflexión personal sobre 19 de los 20+1 años de GMV en Portugal, a través de los proyectos, la confianza y, sobre todo, las personas que han ayudado a construir este camino. Hay celebraciones que son mucho más que una fecha en el calendario. Son momentos en los que una organización se detiene un instante, mira a su alrededor y se da cuenta de que su historia no se reduce a simples números, contratos, proyectos o hitos tecnológicos. Por encima de todo, se basa en las personas.Para mí, la celebración de los 20+1 años de GMV en Portugal fue uno de esos momentos.Estar allí, rodeada de tanta gente que ha formado y forma parte de esta historia, significó algo muy especial. Hubo alegría, reencuentros, conversaciones, recuerdos compartidos y esa rara sensación de poder mirar atrás con orgullo sin perder las ganas de seguir construyendo el futuro.Carteles con fotografías, proyectos y momentos cruciales nos ayudaron a repasar la trayectoria de GMV en Portugal. Sin embargo, para mí, lo más emocionante no fue solo reconocer los proyectos, sino las caras. Personas que siguen con nosotros. Personas que han tomado otros caminos. Personas que, de un modo u otro, dejaron su impronta en esta historia.Hace ya 19 años que empecé este viaje. Quizás por eso, cuando miro la evolución de GMV en Portugal, es inevitable que también observe mi propia evolución profesional y personal.Cuando me incorporé a GMV en Portugal en 2007, era una joven treintañera y venía de experiencias muy ligadas al área de Recursos Humanos: consultoría, departamentos de RR. HH. más tradicionales, entornos estructurados y mercados más tradicionales.De repente, me encontré en un mundo completamente nuevo.En mi primer día, me fui a comer con mis nuevos compañeros, la mayoría jóvenes ingenieros de software. En la mesa, la conversación giró en torno al procesamiento de señales y a un proyecto llamado Galileo, que entonces me era totalmente desconocido. Ese día, cuando llegué a casa, recuerdo que le comenté a mi familia: «Creo que he entrado en una película de ciencia ficción y soy la turista accidental».Hoy en día, esa frase me sigue sacando una sonrisa, pero también resume una verdad que perdura: GMV fue, desde el principio, un lugar donde el futuro no parecía una idea lejana. Era algo concreto, desafiante, en construcción. Y la construyeron personas reales con talento, esfuerzo, curiosidad y un enorme deseo de llegar más lejos.Una historia hecha de proyectos, pero construida por personasAntes de que existiera GMV en Portugal tal y como la conocemos hoy, ya existía una base tecnológica en Portugal elaborada por Skysoft. Quizá, por eso, la integración tenía tanto sentido. Skysoft fue, en cierto modo, una empresa a imagen y semejanza de GMV: nacida también de una spin-off universitaria, creada por un grupo de personas brillantes y muy vinculadas a la tecnología, la ingeniería y a proyectos de suma exigencia.Las dos empresas ya se conocían. Habían trabajado en sectores similares y se cruzaron como socios o proveedores en proyectos a gran escala para la Agencia Espacial. Con su entrada en el Grupo GMV, esta base ha ganado aún mayor protagonismo, ya que se integra en una organización internacional con una presencia muy relevante en el mercado espacial.En este contexto llegué yo. La empresa portuguesa estaba en plena fase de crecimiento y afirmación. Los primeros proyectos Galileo empezaban a mostrar una clara ambición. Al mismo tiempo, surgían retos en ámbitos tan diversos como la gestión del tráfico, la aeronáutica, los sistemas de transporte flexibles, el procesamiento avanzado de señales GNSS, la observación de la Tierra, la seguridad, el software integrado, el control del tráfico portuario y, más recientemente, los sistemas operativos en tiempo real y la autonomía integrada en el espacio y más allá.Proyectos como RITA, DIANA, TaP Médio Tejo, Copernicus, VTS Sines, XKY, Space Rider, ARIEL o CREAM son solo algunos ejemplos de una trayectoria larga y mucho más amplia. Sin embargo, cuando pienso en ellos, no los veo como una lista de hitos técnicos. Los veo como capítulos de una historia colectiva.Siempre había personas detrás de cada proyecto. Personas que estudian, prueban, se equivocan, corrigen, dirigen y aprenden unas de otras. Personas que responden a nuevos retos, a menudo creando ciencia y conocimiento en origen con recursos limitados, pero con una enorme capacidad de adaptación. Personas que han demostrado a lo largo de los años que el talento no se mide por la distancia al centro de toma de decisiones, sino por la capacidad de contribuir.Quizá eso es lo que más me impactó desde el principio: darme cuenta de que la tecnología puede ser extraordinaria, pero son las personas las que la hacen posible. Crecer con la organización: de lo local a lo globalEn cierto modo, mi propia evolución ha acompañado a este movimiento.Me incorporé para apoyar a un equipo local en crecimiento, en un momento en que era urgente encontrar talentos con competencias muy específicas y difíciles de encontrar. En aquella época, el apoyo a la contratación no se limitaba a cubrir vacantes. Pretendía crear la capacidad necesaria para que la empresa pudiera responder a proyectos exigentes y a ambiciones que ya superaban la dimensión del mercado nacional.A lo largo de los años, la organización me ha ido dando oportunidades para crecer mucho más allá de ese punto de partida. Tuve la oportunidad de liderar el área de Formación y Desarrollo del Talento, implantar procesos y herramientas transversales, impulsar programas de liderazgo con impacto en toda la organización y participar en iniciativas innovadoras, que incluían proyectos vinculados a la inteligencia artificial y a la transformación de la forma de trabajar.Este viaje me ha enseñado algo muy importante sobre GMV: cuando hay confianza, las oportunidades no están limitadas por la geografía. Podemos estar en Portugal y contribuir a una realidad mucho mayor. Podemos empezar con una función local y, con el tiempo, asumir responsabilidades que repercuten en varios equipos, países y áreas del Grupo.Esta posibilidad de evolucionar de lo local a lo global fue, para mí, una de las mayores muestras de confianza que encontré en la empresa. Confianza para proponer ideas. Confianza para participar en decisiones estratégicas. Confianza para dirigir un equipo repartido por varias zonas geográficas. Confianza para crecer mucho más allá de mis expectativas iniciales.Creo que este es un mensaje especialmente importante para cualquiera que busque hoy en GMV un lugar donde construir su carrera: los proyectos abren puertas, pero es la confianza la que te permite atravesarlas. La empresa crea oportunidades para que las personas puedan llegar más lejos: más allá de su función inicial, más allá de su equipo, más allá de su ubicación geográfica y, a menudo, más allá de lo que inicialmente imaginaban para sí mismas, respaldando con resultados ese síndrome del impostor que todos tenemos y que nos hace cuestionarnos nuestra capacidad.El equipo como lugar donde la historia cobra sentidoSi los proyectos nos desafían y la confianza nos permite crecer, el equipo es lo que da sentido al viaje.En mis primeros años, encontré en GMV en Portugal una cultura caracterizada por el esfuerzo, la dedicación y la colaboración. Había recursos limitados, muchos retos, el acceso a los conocimientos no era fácil y solía resultar difícil o lejano, además de una enorme presión para responder. No obstante, también había un espíritu de equipo muy fuerte, casi una mentalidad de exploración y descubrimiento: la sensación de que el futuro se estaba construyendo con nuestras propias manos.Con el tiempo, este espíritu ha acompañado el crecimiento de la empresa. Los proyectos han cambiado, la escala ha aumentado, los equipos han crecido, y se ha ampliado la presencia internacional y dentro del grupo. Con todo, perdura una forma de ser muy característica: la curiosidad, el deseo de hacer las cosas de otra manera, la voluntad de ayudar, la ambición de aprender y mejorar.Hoy lo veo muy claro en el área de Recursos Humanos. Los resultados que hemos logrado son fruto del trabajo de muchas personas, en varios países, que actúan con compromiso, generosidad y una visión compartida. Personas que contribuyen a atraer, desarrollar y fidelizar el talento, y que ayudan a crear las condiciones para que otros también crezcan.Aquí es donde la expresión «personas excelentes y excelentes personas» cobra verdadero sentido. Porque la excelencia técnica importa, y mucho. Sin embargo, nuestra forma conjunta de trabajar, cómo nos apoyamos, cómo compartimos conocimientos y cómo cuidamos las relaciones humanas es lo que hace que una empresa como GMV sea un lugar donde la gente quiere seguir construyendo el futuro.La fiesta de cumpleaños 20+1 lo hizo muy visible. Más que celebrar una empresa, celebramos una comunidad. Celebramos a las personas que estaban allí al principio, a las que llegaron más tarde, a las que continúan, a las que han tomado otros caminos y a las que ahora empiezan a escribir los próximos capítulos.Celebramos proyectos, sí. Pero, sobre todo, celebramos a las personas. Por qué elegimos quedarnosHan cambiado muchas cosas desde 2007. GMV en Portugal ha crecido, madurado, se ha especializado y ampliado su impacto. Los proyectos se han vuelto más diversos, los equipos están más distribuidos, los procesos son más transversales y los retos, más complejos.Pero algo permanece.La curiosidad permanece. Permanece el deseo de hacer las cosas de otra manera. Permanece la ambición de aprender, mejorar y llegar más lejos. Sigo viendo cómo entra gente de enorme talento y potencial por las puertas de GMV. Sigo viendo la búsqueda constante de la excelencia. Y sigo creyendo que una de nuestras mayores responsabilidades es crear el entorno adecuado para que florezca ese talento.Para mí, este es uno de mis mayores aprendizajes en 19 años: la excelencia no solo se atrae. La excelencia se cultiva. Necesita proyectos desafiantes, confianza real y equipos capaces de transformar el conocimiento en crecimiento compartido.Por eso, cuando pienso en la idea que me gustaría que captase un joven que empieza su carrera profesional en GMV, es sencillo: vienes por lo que hacemos, pero te quedas por lo que somos.Todo gira en torno a los proyectos: la tecnología, la innovación, el impacto y la oportunidad de participar en retos únicos. Sin embargo, lo importante es el equipo, la confianza y la oportunidad de seguir aprendiendo cada día.Diecinueve años después, ya no me siento una turista accidental en una película de ciencia ficción, pero sigo pensando que GMV es un lugar donde el futuro se aprende y se construye día a día.Quizás ese sea uno de los mayores privilegios de crecer con GMV en Portugal: formar parte de una empresa en que los proyectos suponen un reto, la confianza allana el camino y las personas hacen que te quedes. Autora: Marta Vilar Compartir Comentarios Su nombre Asunto Comentario Acerca de formatos de texto Texto sin formato No se permiten etiquetas HTML. Saltos automáticos de líneas y de párrafos. Las direcciones de correos electrónicos y páginas web se convierten en enlaces automáticamente. CAPTCHA Esta pregunta es para comprobar si usted es un visitante humano y prevenir envíos de spam automatizado. Deje este campo en blanco