Interoperabilidad: un pilar fundamental en la movilidad inteligente
Durante décadas, el transporte público se desarrolló como una constelación de sistemas independientes. Cada operador, cada ciudad, cada fabricante construyó su propio universo tecnológico: centros de control que no se comunicaban, validadoras aisladas, redes de datos cerradas y aplicaciones que hablaban lenguajes distintos.
Se trataba de una Torre de Babel digital. Eficiente en lo local, pero incapaz de ofrecer una visión global del sistema. Los datos quedaban atrapados en silos, lo que imposibilitaba coordinar flotas, analizar la demanda real o planificar los servicios con una perspectiva integrada.
Hoy, las ciudades son más grandes, los ciudadanos más digitales y la sostenibilidad más urgente. Las necesidades de movilidad han dejado de ser locales para convertirse en parte de un ecosistema integrado e interconectado. No se trata solo de mover vehículos, sino de unir personas y datos con eficiencia, seguridad y responsabilidad ambiental.
La movilidad debe funcionar como un ecosistema vivo y conectado, donde todas las partes, vehículos, infraestructuras, operadores y usuarios, interactúen y se comuniquen de forma transparente y abierta. Para ello necesita una clave común: la interoperabilidad.
UN LENGUAJE COMPARTIDO
La interoperabilidad permite que diferentes sistemas, de billetaje, ayuda a la explotación, información al viajero o medios de pago, se comuniquen sin importar el fabricante, la antigüedad o la tecnología en sí, haciendo posible una cooperación real y eficiente.
Gracias a esta integración un pasajero puede validar su billete en cualquier autobús sin importar quién es el operador. Asimismo, un centro de control puede coordinar flotas de distintos proveedores y una autoridad regional puede integrar todos los servicios de movilidad bajo una misma plataforma. Esta conectividad rompe las barreras entre sistemas y crea un entorno colaborativo, donde cada actor contribuye a una visión global del transporte público.
Este entorno también permite a las administraciones y responsables tomar decisiones basadas en indicadores unificados, anticiparse a picos de demanda y ofrecer a los ciudadanos experiencias de movilidad más intuitivas y personalizadas.
EL PRINCIPIO NORMATIVO
El principio de interoperabilidad se apoya en dos marcos normativos fundamentales. El primero, la norma ISO 24014-1:2021. Un estándar internacional que define la arquitectura de la gestión de tarifas interoperables en el transporte público. Establece roles, flujos de datos y relaciones funcionales que hacen posible la interoperabilidad tanto técnica como comercial. Esta norma sienta las bases de los modelos MaaS (Mobility as a Service), donde el usuario accede a todos los modos de transporte desde una única plataforma integrada.
El segundo es el marco ITxPT (Information Technology for Public Transport), impulsado por la Unión Internacional del Transporte Público (UITP) y el Comité Europeo de Normalización (CEN), que traslada el concepto de interoperabilidad al ámbito técnico. ITxPT define cómo deben comunicarse vehículos, centros de control y sistemas embarcados mediante interfaces abiertas, arquitecturas modulares y certificaciones plug & play, cuyo objetivo es que cualquier componente pueda integrarse sin fricciones en un ecosistema operativo común.
A estos marcos normativos se suman los protocolos de comunicación que les dan vida: SIRI / CEN TS 15531 (información en tiempo real), GTFS / GTFS-RT / NeTEx / Transmodel (datos maestros, topología y planificación) y RTIG T030-1.3 (intercambio SAE-vehículo).
En conjunto, forman el lenguaje común del transporte inteligente, sustituyendo el caos por un sistema conectado y coherente. La adopción progresiva de estos estándares no solo mejora la eficiencia operativa, sino que aporta soluciones ágiles, escalables y centradas en el usuario.
EL VIAJE DE UN DATO
Para comprender el valor real de la interoperabilidad, basta con seguir el recorrido diario de un solo dato. Cuando un autobús inicia su servicio los sistemas embarcados registran su posición GNSS, velocidad y eventos de validación, mientras el conductor interactúa con la interfaz del vehículo y los sistemas de comunicación con el centro de control.
Una vez generado, ese dato se integra en un flujo continuo que ejemplifica la interoperabilidad del sistema. A bordo, el sistema agrupa información de diferentes subsistemas, conectados mediante protocolos abiertos basados en MQTT (Message Queuing Telemetry Transport), y la transmite vía RTIG, garantizando en tiempo real.
En la nube, la información se estandariza y se distribuye entre los distintos módulos de explotación, billetaje e información al pasajero mediante APIs abiertas y documentadas. En el centro de control, los operadores visualizan en tiempo real el estado de la red, gestionan incidencias y optimizan recursos gracias a una información consolidada y coherente. Y, finalmente, en la parada o en la aplicación móvil, el usuario consulta la llegada de su autobús gracias a la publicación de datos en formatos SIRI (Service Interface for Real Time Information) y GTFS-RT (General Transit Feed Specification – Realtime), accesibles y universales.
En apenas segundos, un único dato ha atravesado múltiples tecnologías, niveles y fabricantes sin perder su significado ni romper la cadena de valor. Esa es la interoperabilidad real: cuando cada elemento del sistema entiende el mensaje, lo adapta a su lenguaje y lo convierte en un servicio tangible.
Este flujo continuo permite la toma de decisiones basada en datos, facilita la automatización de procesos y sienta las bases para la movilidad predictiva, donde los sistemas aprenden, anticipan y mejoran de forma continua.
INTEROPERABILIDAD FUNCIONAL Y DE NEGOCIO
Más allá de los aspectos técnicos, la interoperabilidad debe reflejarse también en los procesos y en la gestión, integrando en un único entorno los ámbitos de explotación, billetaje, información al viajero, videovigilancia y conducción eficiente. De esta forma se asegura que todos los módulos comparten una base de datos común y un modelo de información coherente.
De igual forma, esta interoperabilidad organizativa debe reflejarse en la gestión de roles, liquidaciones y compensaciones entre operadores. Unificando datos maestros se facilita la integración con plataformas MaaS (Mobility as a Service) y nuevas formas de movilidad colaborativa, tanto en el presente como en el futuro. Así, la interoperabilidad convierte la complejidad operativa en un sistema coherente y colaborativo, donde la tecnología se adapta al servicio y no al revés.
Este enfoque funcional también potencia la planificación multimodal, la gestión energética y la analítica avanzada para la toma de decisiones, contribuyendo a un transporte más eficiente, económico y sostenible. También fomenta una visión integral de la movilidad, donde los distintos niveles administrativos comparten información y alinean estrategias en torno a objetivos comunes.
INTEROPERABILIDAD MULTINIVEL Y MULTIFABRICANTE
En el transporte público, la interoperabilidad no solo se mide por la capacidad de compartir datos, sino también por la de integrar tecnologías, equipos y soluciones de distintos proveedores en un mismo ecosistema operativo.
En este sentido, una plataforma avanzada para la gestión del transporte público debe actuar como un auténtico centro neurálgico de integración, capaz de comunicar, coordinar y gestionar sistemas heterogéneos bajo un único modelo de datos. Estas soluciones permiten centralizar datos de flota, billetaje, información al pasajero o videovigilancia provenientes de sistemas de terceros, transformándolos en una visión operativa y global.
El resultado es un entorno verdaderamente abierto y modular, donde equipos y aplicaciones de múltiples procedencias se comunican sin fricciones mediante estándares como APIs REST, SIRI, NeTEx, GTFS, RTIG y modelos Transmodel.
Esta apertura tecnológica facilita además los procesos de mantenimiento, actualización y escalabilidad, eliminando dependencias propietarias, reduciendo costes de renovación tecnológica y garantizando la escalabilidad a largo plazo de los sistemas de transporte público. Además, fortalece la soberanía tecnológica, permitiendo evolucionar los sistemas sin restricciones impuestas por proveedores específicos.
La interoperabilidad también contribuye a crear entornos de innovación colaborativa, donde diferentes fabricantes pueden desarrollar componentes complementarios, certificables y fácilmente integrables, acelerando el progreso tecnológico del sector.
INTEROPERABILIDAD Y SOSTENIBILIDAD
Cuando los sistemas se entienden, el planeta también gana. La interoperabilidad reduce duplicidades tecnológicas, optimiza el uso de recursos y favorece la intermodalidad, permitiendo que el transporte público sea más atractivo, fiable y eficiente, impulsando los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS).
La interoperabilidad impulsa el ODS 9 al fomentar infraestructuras resilientes, digitales y abiertas, capaces de adaptarse a la innovación y perdurar en el tiempo. Promueve el ODS 11, al consolidar el transporte público como eje vertebrador de una movilidad urbana sostenible y conectada. Y refuerza el ODS 13, al favorecer la acción por el clima mediante la descarbonización del sector y la reducción de la huella de carbono.
La interoperabilidad también impulsa la eficiencia energética y la transición digital justa, dos pilares de la nueva Ley de Movilidad Sostenible, alineando el desarrollo tecnológico con la responsabilidad medioambiental. Un ecosistema interoperable permite aprovechar los datos para mejorar la gestión energética de la flota, planificar rutas más sostenibles y reducir los trayectos en vacío. El resultado es un transporte más limpio, eficiente y centrado en las personas.
EL TRANSPORTE INTELIGENTE
Hoy, cuando un viajero consulta en su móvil la llegada de su autobús o valida con una tarjeta bancaria, está activando miles de procesos que cooperan en armonía. Cada mensaje, cada coordenada, cada validación recorre un ecosistema de estándares, APIs y arquitecturas interoperables que garantizan que la información fluya con precisión y seguridad.
Ese es el orden conectado que la interoperabilidad ha traído al transporte público. Donde GMV ha sido arquitecto, ingeniero y traductor, convirtiendo lenguajes inconexos en un sistema global de movilidad digital. Gracias a este enfoque, la interoperabilidad ha dejado de ser una promesa teórica para convertirse en un hecho tangible: un ecosistema abierto donde todos los sistemas, sin importar su origen, hablan el mismo idioma tecnológico y cooperan por un fin común: ofrecer una movilidad más eficiente y sostenible.
La interoperabilidad es en la actualidad una realidad operativa que viaja cada día en miles de vehículos en todo el mundo. La movilidad del presente no está en los sistemas aislados, sino en su capacidad para entenderse, integrarse y evolucionar.