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La era cuántica: de la investigación a las aplicaciones que transformarán la industria

19/08/2026
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Reportaje cuántica GMV news 98

La carrera en tecnologías cuánticas ha dejado de ser una promesa lejana para convertirse en uno de los grandes tableros estratégicos de la próxima década. Lo que hasta hace pocos años avanzaba casi exclusivamente en entornos académicos y laboratorios especializados empieza ahora a tomar forma en infraestructuras, proyectos industriales y nuevas capacidades digitales con impacto real. Computación cuántica, comunicaciones cuánticas, sensórica avanzada y criptografía poscuántica evolucionan a ritmos distintos, pero comparten un mismo horizonte: redefinir cómo protegemos la información, procesamos datos y construimos la próxima generación de infraestructuras digitales.

El interés no deja de crecer. Gobiernos, centros de investigación y grandes compañías tecnológicas compiten por liderar un ecosistema que avanza rápidamente desde la investigación básica hacia aplicaciones concretas. En apenas unos años, el debate ha pasado de preguntarse si estas tecnologías serían viables a cuándo empezarán a transformar sectores enteros.

Europa ha entendido esta evolución como una cuestión estratégica. Iniciativas como «Quantum Flagship», «EuroHPC» y «EuroQCI» reflejan una apuesta por fortalecer la soberanía tecnológica europea y reducir la dependencia de capacidades críticas desarrolladas fuera del continente. El objetivo va más allá del avance científico: se trata de asegurar infraestructuras digitales resilientes, proteger comunicaciones sensibles y garantizar que Europa tenga un papel protagonista en una revolución tecnológica de alcance global.

La evolución ya es visible. Los primeros desarrollos experimentales han dado paso a plataformas más estables, redes piloto de comunicaciones cuánticas, entornos híbridos de supercomputación y nuevas estrategias de protección criptográfica frente a amenazas futuras. Su impacto potencial alcanza sectores como la industria, la salud, la defensa, el espacio o las infraestructuras críticas.

Junto a las oportunidades, emerge también un desafío ineludible: la seguridad digital. La futura capacidad de ciertos ordenadores cuánticos para comprometer algoritmos criptográficos actuales está impulsando una transición global hacia nuevos estándares de protección. La criptografía poscuántica ha dejado de ser un ejercicio teórico para convertirse en una prioridad para las organizaciones que necesitan garantizar la confidencialidad de sus datos durante las próximas décadas.

Es precisamente en este contexto donde compañías con experiencia en integración de sistemas críticos, software avanzado, espacio, defensa y ciberseguridad están llamadas a desempeñar un papel clave. Ese es el marco en el que se sitúa GMV, que lleva años desarrollando capacidades en computación cuántica aplicada, comunicaciones cuánticas y preparación frente al impacto que estas tecnologías tendrán sobre la ciberseguridad.

Más que una tecnología, nuevas capacidades

Bajo el término «tecnologías cuánticas» conviven desarrollos muy diversos, con aplicaciones y grados de madurez diferentes. La computación cuántica es probablemente la más conocida por su potencial para abordar problemas de optimización, simulación o modelado difíciles de resolver mediante computación convencional. Sin embargo, el escenario más probable no pasa por sustituir los sistemas actuales, sino por complementarlos mediante arquitecturas híbridas que integren supercomputación, inteligencia artificial y capacidades cuánticas.

En paralelo, las comunicaciones cuánticas abren la puerta a una nueva generación de redes capaces de proteger información sensible con niveles de seguridad sin precedentes. Tecnologías como la distribución cuántica de claves (QKD) permiten reforzar la protección de las transmisiones en ámbitos especialmente sensibles, desde defensa y espacio hasta infraestructuras gubernamentales y críticas.

A ello se suma la criptografía poscuántica, que busca proteger los sistemas actuales frente a futuros ataques cuánticos capaces de comprometer los algoritmos que hoy sostienen Internet y las comunicaciones digitales. La amenaza conocida como harvest now, decrypt later —interceptar hoy información cifrada para descifrarla en el futuro— ha acelerado la necesidad de planificar la migración hacia esquemas resistentes a ataques cuánticos.

Entender esta diversidad es importante para separar expectativa y realidad. No todas estas tecnologías evolucionan al mismo ritmo ni persiguen los mismos objetivos. El reto consiste en identificar cuáles empiezan a generar valor tangible y cuáles marcarán el futuro de la industria, las comunicaciones y la ciberseguridad.

Europa: de la excelencia científica a la soberanía tecnológica

La relevancia de estas tecnologías responde también a un contexto geopolítico en el que Estados Unidos, China y Europa compiten por el liderazgo en capacidades que serán decisivas para la economía, la defensa y la seguridad.

En el caso europeo, la apuesta combina inversión en investigación, despliegue de infraestructuras y construcción de un ecosistema industrial propio. Iniciativas como EuroHPC, destinada a impulsar la supercomputación europea, o EuroQCI, orientada a construir una infraestructura continental de comunicaciones cuánticas seguras, son ejemplos de esta estrategia. El desafío consiste en transformar la excelencia científica en capacidad industrial, estándares, talento y aplicaciones reales.

España también está reforzando su posicionamiento en este ámbito. La creación de asociaciones como SQuA (Spanish Quantum Alliance), de la que GMV forma parte, refleja la voluntad de articular un ecosistema nacional más coordinado, capaz de conectar empresa, investigación e innovación aplicada y contribuir con mayor peso a la estrategia europea.

La intensidad de esta carrera se refleja igualmente en los anuncios de inversión pública y privada realizados en los últimos años. La competencia ya no se juega únicamente en el laboratorio, sino también en la capacidad para industrializar, integrar y escalar estas tecnologías dentro de ecosistemas propios.

De la investigación al desarrollo

La computación cuántica empieza a dejar atrás la fase puramente experimental para adentrarse en un terreno más tangible: el de los casos de uso reales. El objetivo ya no es imaginar ordenadores cuánticos sustituyendo a los sistemas actuales, sino identificar en qué problemas concretos pueden aportar ventajas junto a la supercomputación y la inteligencia artificial.

GMV lleva trabajando de forma sostenida con esta tecnología desde 2021. Durante estos años, la compañía ha contribuido al estado del arte y ha desarrollado una visión precisa sobre las capacidades reales que ofrece hoy esta tecnología: qué puede hacerse ya con sentido, qué sigue dependiendo de la evolución del hardware y qué aproximaciones intermedias permiten obtener valor desde ahora.

Uno de los ámbitos donde esta evolución resulta más visible es el de la optimización y la simulación avanzada. La computación cuántica se está explorando para mejorar la planificación de rutas, la gestión de recursos o el modelado de materiales y moléculas. Su potencial reside en la capacidad de abordar problemas cuya complejidad crece de forma exponencial, especialmente cuando se combina con supercomputación e inteligencia artificial en entornos híbridos.

Las aplicaciones potenciales abarcan sectores muy diversos. En salud, las simulaciones cuánticas podrían acelerar el desarrollo de nuevos medicamentos. En energía, finanzas, logística, espacio o defensa, estas tecnologías empiezan a utilizarse para resolver problemas complejos de optimización, simulación y predicción.

En este contexto se sitúa CUCO, uno de los proyectos más representativos del ecosistema cuántico español, financiado por el CDTI bajo el liderazgo de GMV. La iniciativa ha permitido desarrollar y validar algoritmos cuánticos y de inspiración cuántica aplicados a sectores estratégicos. Entre los casos de uso trabajados figuran modelos para identificar plantas fotovoltaicas en imágenes satelitales, predecir el viento, valorar derivados financieros o diseñar nuevos catalizadores.

A esta línea se suma el proyecto Q-MIND, orientado a la convergencia entre computación cuántica, inteligencia artificial y procesamiento avanzado de información. Este tipo de iniciativas responde a una de las tendencias más claras del sector: la computación cuántica avanza como una capacidad complementaria dentro de flujos híbridos de simulación, análisis y optimización.

La experiencia acumulada por GMV también ha permitido consolidar relaciones con actores relevantes del ecosistema cuántico, entre ellos proveedores de hardware cuántico como IBM y D Wave, plataformas especializadas como QCentroid y entornos de emulación cuántica como OVH Cloud. En un momento en el que el acceso a hardware cuántico real sigue siendo un factor diferencial, centralizar y coordinar los esfuerzos internos resulta especialmente importante para acelerar el paso desde la exploración tecnológica hacia aplicaciones concretas.

Esta visión se refleja también en la participación de GMV en la integración de un ordenador cuántico en MareNostrum 5, donde ha aportado infraestructura de sistemas clásicos y redes, así como servicios de acceso remoto y soporte a usuarios, dentro de un entorno tecnológico íntegramente europeo.

Todo ello ha permitido adoptar una visión realista sobre el estado actual de la tecnología. Algunas aproximaciones, como los sistemas de optimización basados en annealers (ordenador cuántico especializado en resolver problemas de optimización), empiezan a ofrecer resultados prometedores en determinados problemas. Otras líneas, como el quantum machine learning, mantienen un enorme potencial, aunque todavía dependen de una evolución significativa del hardware disponible. Junto a ellas, los enfoques de inspiración cuántica, como las redes tensoriales, constituyen otra herramienta relevante para abordar problemas complejos desde la computación clásica avanzada.

Este enfoque ya se está trasladando a iniciativas internas concretas. GMV colabora con distintos equipos para evaluar hasta qué punto determinadas limitaciones actuales pueden abordarse mediante nuevos enfoques cuánticos o de inspiración cuántica. El objetivo es identificar problemas en los que estas capacidades puedan aportar ventajas reales y generar valor tangible.

Comunicaciones cuánticas: proteger la información crítica

El avance de las tecnologías cuánticas no se limita a la capacidad de cálculo. Las comunicaciones cuánticas se han convertido en una de las áreas con mayor proyección estratégica, especialmente en sectores donde la protección de la información resulta crítica.

En este ámbito, QKD emerge como una de las tecnologías más maduras. Su objetivo es permitir intercambios de información capaces de detectar cualquier intento de interceptación. Sobre esta base se sitúa QuKee, la solución de GMV orientada a reforzar la seguridad de las comunicaciones mediante tecnologías cuánticas.

Esta visión se refuerza con la alianza estratégica entre GMV y LuxQuanta, centrada en acelerar el despliegue de capacidades QKD en Europa. La colaboración combina la experiencia de GMV en ciberseguridad, gestión de claves y sistemas espaciales con la tecnología desarrollada por LuxQuanta para redes terrestres de fibra óptica. El objetivo es avanzar hacia un ecosistema integrado de comunicaciones cuánticas seguras alineado con iniciativas europeas como EuroQCI.

Las aplicaciones de las tecnologías cuánticas no solo aportan beneficios en la Tierra, sino que también están transformando el espacio. Algunas llevan décadas entre nosotros,

aunque de manera discreta: un buen ejemplo son los relojes atómicos instalados en los sistemas globales de navegación por satélite (GNSS) como Galileo, que se basan en principios de la física cuántica y permiten determinar posiciones en nuestro planeta con gran precisión.

Otros avances ya son una realidad. Los láseres, clásicos exponentes de la tecnología cuántica, comienzan a desempeñar un papel clave en las comunicaciones espaciales gracias a los enlaces ópticos entre satélites —los llamados intersatellite links— y a las estaciones de seguimiento en tierra. Estas soluciones aceleran la transmisión de información y garantizan comunicaciones más seguras y eficientes. GMV participa en esta revolución tecnológica mediante su contribución a proyectos europeos de referencia como HydRON, para demostrar una red de comunicación óptica entre satélites y tierra; o EDRS, para establecer una red de comunicación láser de alta velocidad y con capacidad de retransmisión entre satélites y estaciones terrestres.

La nueva generación de tecnologías cuánticas espaciales va aún más allá y se fundamenta en fenómenos propios de la física cuántica como son el entrelazamiento, la superposición o el efecto túnel. En este campo destacan los proyectos Eagle-1 (desde una órbita baja situada a unos 700 Km de la Tierra), Caramuel, (desde una órbita geoestacionaria situada a 36.000 Km de la Tierra) y SAGA, la constelación EuroQCI (infraestructura europea de comunicación cuántica) de la Comisión Europea, en los que también participa GMV y que están centrados en la distribución cuántica de claves (en inglés, Quantum Key Distribution o QKD).

También en el ámbito de la navegación y la sincronización se abren nuevos caminos. El proyecto QUANTICO combina técnicas de medición cuántica con distribución cuántica de claves para diseñar sistemas más resistentes a interferencias. GMV ha desarrollado ya un prototipo capaz de alcanzar precisiones de hasta 6 cm sin depender de los sistemas globales de navegación por satélite (GNSS) tradicionales.

Finalmente, cabe mencionar el proyecto CARIOQA, que explorará la medición ultraprecisa desde el espacio mediante sensores cuánticos. El objetivo: desplegar en órbita un acelerómetro cuántico capaz de detectar y analizar minúsculas variaciones en el campo gravitatorio terrestre.

Prepararse hoy para la seguridad poscuántica

Aunque la computación cuántica práctica a gran escala todavía debe superar importantes retos técnicos, su evolución plantea ya un desafío directo para la ciberseguridad. Algunos de los sistemas criptográficos que hoy protegen nuestras comunicaciones, transacciones y datos podrían quedar comprometidos en el futuro ante la capacidad de los ordenadores cuánticos más avanzados.

La transición hacia la criptografía poscuántica ya no se percibe como una cuestión exclusiva de investigación, sino como un requisito de resiliencia y protección a largo plazo para organizaciones que gestionan información sensible o infraestructuras críticas.

En este contexto surge una nueva generación de algoritmos diseñada para resistir futuros ataques cuánticos. La evolución de los estándares internacionales confirma que esta migración ya no es una cuestión teórica, sino una necesidad real para organizaciones públicas y privadas.

El reto no consiste únicamente en sustituir algoritmos. Implica revisar arquitecturas, adaptar sistemas, garantizar la criptoagilidad y planificar una transición ordenada en sectores donde la confianza, la disponibilidad y la protección de la información son elementos esenciales.

Prepararse para un cambio de escala

En los próximos años veremos avanzar las primeras aplicaciones híbridas de computación cuántica con computación de alto rendimiento (en inglés, High-Performance Computing o HPC) e inteligencia artificial, el despliegue progresivo de comunicaciones cuánticas seguras y una aceleración de la transición hacia criptografía poscuántica. Todo apunta a un escenario en el que distintas tecnologías cuánticas irán ganando peso de forma desigual, pero sostenida, en sectores industriales y estratégicos.

La cuestión ya no es si estas capacidades tendrán impacto, sino qué organizaciones estarán preparadas para transformarlas en soluciones útiles, seguras y operativas. Para Europa, eso implica convertir excelencia científica en soberanía tecnológica. Para GMV, supone seguir contribuyendo a esa transición desde una posición clara: combinar visión tecnológica, capacidad de integración y orientación a aplicaciones de valor real.

También implica algo más: abrir esta conversación al conjunto de la compañía. Detectar a tiempo los problemas que podrían beneficiarse de estas tecnologías será una parte esencial de la ventaja competitiva en los próximos años. Porque en la era cuántica, la diferencia no la marcará solo quien domine la tecnología, sino quien sea capaz de identificar, antes que nadie, dónde puede generar un impacto real.

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