VAMPIR, STRATOS y el legado de Yuri Gagarin en GSOC

Centro de Control Columbus de la ESA

Hace cincuenta y nueve años, el primer satélite terrestre de fabricación humana fue puesto en órbita alrededor de la Tierra, dando nacimiento a la era de la exploración espacial. Yuri Alexeyevich Gagarin, piloto de las Fuerzas Aéreas soviéticas y cosmonauta, fue el primer ser humano en orbitar la Tierra un 12 de abril de 1961 y, por ello, este día fue declarado Día Internacional de los Vuelos Espaciales Tripulados.

Desde aquella fecha se han conseguido diversos logros técnicos significativos: la presencia de seres humanos en la luna, la circulación de vehículos róver por planetas lejanos, el aterrizaje de sondas planetarias en asteroides. Y otro hito importante, desde el punto de vista tanto técnico como político: la creación de la Estación Espacial Internacional (ISS).

El personal de GMV interviene directamente en las actividades de la ISS, participando en las operaciones del módulo Columbus, el laboratorio científico aportado por la Agencia Espacial Europea (ESA). El módulo, que fue lanzado a bordo del transbordador espacial Atlantis el 7 de febrero de 2008, es controlado desde el Centro de Control Columbus (Col-CC), situado en el Centro de Operaciones Espaciales alemán en Oberpfaffenhofen, cerca de Múnich.

Desde entonces, ingenieros de diferentes equipos que trabajan en el Col-CC aportan sus conocimientos y experiencia para asegurar las mejores condiciones de trabajo y la máxima seguridad para los astronautas europeos y ayudarles en la ejecución de multitud de experimentos científicos.

El Equipo de Control de Vuelo Columbus (FCT) trabaja las 24 horas del día vigilando y controlando los sistemas térmico, ambiental, informático y de suministro de energía embarcados y trabaja estrechamente con equipos colaboradores internacionales de vuelo, como el Equipo de Control de Vuelo del Centro Espacial Johnson (JSC) en Houston, el Centro de Vuelos Espaciales Marshall de Huntsville (MSFC), Alabama, y el Centro Ruso de Control de Misiones de Korolev, cerca de Moscú.

Los planificadores de vuelo coordinan los experimentos a bordo con los centros europeos responsables de las actividades de investigación, a fin de garantizar que todas estas actividades reciban recursos suficientes a bordo de la ISS y en los correspondientes centros terrenos.

El Equipo de Control Terreno (GCT) es el encargado de la operación del segmento terreno europeo, de la red de área amplia (WAN) que conecta todos los Centros europeos de Control, de Operaciones y de Soporte entre sí y con los colaboradores internacionales de Estados Unidos, Rusia y Canadá. Trabajar junto a equipos de ingenieros de red, voz, vídeo y datos permite al GCT asegurar la prestación puntual de servicios de telemetría y comando, vídeo y voz a todos los socios y centros de usuarios europeos.

Lo primero que comentan muchas personas cuando se incorporan al proyecto Columbus/ISS es su extraordinaria diversidad cultural. Prácticamente cada país de la Unión Europa, y muchos de fuera de la UE, están representados en el proyecto, ya sea en el crisol de culturas que es el Col-CC, en el Centro Europeo de Astronautas de Colonia, Alemania, o en los Centros de Soporte Técnico y Soporte para Usuarios diseminados por toda Europa. Este aspecto, junto con los retos tecnológicos y organizativos, es el que vivimos cada día, el que hace tan gratificante nuestra participación en este proyecto.

Lo segundo que nos llama la atención cuando comenzamos a leer la documentación técnica o, incluso, mientras hablamos sobre el trabajo en torno a un café, es la inmensa cantidad de acrónimos que se utilizan. Es como si no se llamase a nada por su nombre, solo por siglas. Nuestra conversación, pues, se llena de DaSS, MCS, MCE y PDSS. Aunque a veces somos un poco más creativos bautizando lugares y actividades. Por ejemplo, en el Col-CC, nuestros ingenieros de vídeo (uno de los cuales procede de Rumanía, país de Drácula) trabajan en la VAMPIR (Video and Media Processing and Imagery Room). Y el Controlador de Vuelo de Columbus recibe el nombre de STRATOS (Safeguarding Thermal Resources Avionics Telecommunications Operations Systems). Vale, es posible que algunos sean un poco forzados, pero hay que reconocer que así tiene mucho más color esa sopa de letras.

La percepción que tiene la sociedad de los vuelos espaciales tripulados está dominada, sin duda, por imágenes de astronautas flotando ingrávidos en sus naves. Lo que no se ve, sin embargo, es el extraordinario volumen de trabajo de planificación de vuelo y de recursos en tierra que se necesita para que eso suceda. Recursos como la energía y el ancho de banda de datos y, sobre todo, el tiempo que puede dedicar la tripulación a bordo de la ISS son limitados. Pero todos los científicos quieren que se ejecuten sus experimentos, las tareas de mantenimiento deben realizarse, los equipos necesitan revisión y, claro está, medios y políticos buscan siempre una oportunidad para hablar con los miembros de la tripulación.

Los equipos internacionales de planificación en tierra, incluido el Col-CC, comienzan a trabajar con un año o más de antelación, evaluando las necesidades y los deseos de todas las partes interesadas y estableciendo un orden de prioridad hasta elaborar un primer plan que, posteriormente, se someterá a una revisión continua y un desarrollo más extenso, y cuyos detalles últimos es posible que lleguen la misma víspera de su ejecución.

Una vez finalizado el proceso de planificación, entran en acción los equipos de operaciones. En la inmensa mayoría de los casos, las actividades se desarrollan siguiendo fielmente el plan. Sin embargo, y confirmando una vez más la ley de Murphy (“lo que puede salir mal, saldrá mal”), nada evita que te encuentres un imprevisto a la vuelta de la esquina, frustrando, como bien advierte el poeta escocés Robert Burns, hasta los planes más cuidadosos de ratones y de hombres. Nosotros, en el programa Columbus/ISS, no escapamos a esa verdad.

Así sucedió hace poco en una de las actividades de mayor visibilidad de la ISS y para la que se requiere la máxima puntualidad, consistente en una llamada audio-vídeo (en el marco de la Oficina de Asuntos Públicos, PAO) a la tripulación, a menudo desde una sede pública, que ha de tener lugar necesariamente en el momento señalado para ello. Pero, como la fortuna tuvo a bien decidir, Murphy asomó su sombría cabeza unos 10 minutos antes del inicio programado de la actividad. Los controladores de vuelo lo tenían todo organizado a bordo; los controladores terrenos ya estaban preparados. ¿Y bien? ¡Nada! ¡Sin vídeo! ¡Corríamos el peligro de perder el evento!

Situaciones como esta exigen calma y fría eficiencia. Una vez que llegó el informe sobre el bucle de voz de que no estábamos recibiendo vídeo, los controladores de vuelo y de tierra comenzaron rápidamente a verificar sus sistemas. ¿Funcionan bien los sistemas de routing? ¿Circulan los datos? ¿Hay posibilidad de comunicación en modo fallback? En este caso, el fallo se identificó rápidamente en nuestro equipo remoto en el MSFC, aunque, por desgracia, no se pudo recuperar a tiempo. Nada más informar de la incidencia, ya se había identificado una solución de reserva, que se aplicó sin pérdida de tiempo. Finalmente, la actividad se desarrolló según lo previsto, sin que los participantes se dieran cuenta siquiera de que, apenas unos minutos antes, todo había estado en peligro.

Se producen numerosos casos similares durante los vuelos espaciales tripulados; para su buen fin, sin embargo, contamos con una labor previa de planificación y formación y un amplio bagaje de conocimientos expertos, además de herramientas imprescindibles como la colaboración y el trabajo en equipo para conseguir resultados. Tan cierto el 12 de abril de 1961 como lo es hoy. La emoción que Yuri y su equipo sin duda sintieron entonces, la sienten hoy nuestros equipos cada día desde nuestra pequeña contribución a la aventura de los vuelos espaciales tripulados.

Autores: Ilinca Ioanid y Daniel Burdulis

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