Próximos pasos en robótica e IA

Era una típica tarde de niebla de febrero en Oxford y yo caminaba hacia el Instituto de Matemáticas de la Universidad, en el Radcliffe Observatory Quarter. Afortunadamente, la nieve se había derretido, por lo que pude admirar el suelo de baldosas de Penrose frente a la entrada principal de camino a la conferencia que organizaba la Oxford AI Society y ofrecía David Wood (¿recuerdan Symbian OS?). El título de la conferencia era “Por qué la IAG merece atención seria inmediata” y yo ya discrepaba sobre varios aspectos. La IAG o Inteligencia Artificial General es el término que se utiliza para designa la inteligencia artificial que puede igualar o, incluso, superar el nivel de inteligencia humana en cada tarea, como habitualmente se representa en la ciencia ficción. Actualmente no estamos seguros siquiera de que se posible su creación y no creo que merezca nuestra atención, ya sea seria o inmediata. La charla comenzó comparando la IAG a la bomba nuclear.

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Eso es mucho decir, aunque es un discurso muy frecuente en los medios contemporáneos. Desde la prensa a la divulgación científica, a muchos autores les preocupan las consecuencias de la IA y de los robots y cómo podrían cambiar o incluso destruir nuestra sociedad. La charla concluyó con observaciones generales sobre la importación de las labores de validación y verificación y con un llamamiento a formalizar el campo todavía relativamente novedoso de la ingeniería de software e incluir más directrices de seguridad. No puedo estar más de acuerdo con las conclusiones, aunque creo que Alan Winfield ya trató este tema en su reciente trabajo, realmente ameno, sobre la ética de los robots, sin mencionar en ningún momento el fin del mundo.

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Asimismo, dejando bien aparte advertencias y sermones, ambos expertos coinciden en animar a que se siga investigando en este campo e, incluso, que se lleve más lejos. Veamos por qué.

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No es ético dejar de investigar sobre IA o robótica

En general, vivimos más, tenemos más recursos y disfrutamos de mejor educación y más salud que en cualquier otro momento de la historia. Son mayoría los que creen que este hecho se debe a la tecnología. También es mayor que nunca la población del planeta y, con independencia del impacto en nuestro entorno, es una historia de éxito de la humanidad que comenzó con la revolución industrial. Pero precisamente por nuestro impacto en la naturaleza, no es suficiente. Si queremos que siga esta tendencia positiva de una forma sostenible, hay mucho trabajo por hacer. No hace falta, sin embargo, que sea trabajo por nuestra parte. Suponiendo que podamos producir energía de manera sostenible en todos los demás aspectos críticos de la vida, como agricultura, minería, construcción, medicina, educación e industria, la robótica y la IA pueden crear un mundo de plenitud para toda la humanidad, y hacerlo de manera sostenible. Los economistas ya están pensando en qué van a hacer las personas cuando el trabajo ya no sea necesario para mantener a la humanidad. Una idea es la renta básica universal; otros sugieren que se crearán puestos de trabajo nuevos y, de hecho, ya lo estamos viendo: ni Facebook, ni Twitter, ni Netflix y, ni siquiera, Internet en su conjunto son estrictamente necesarios para la prosperidad human. Por ejemplo, se dice que Blockbusters desapareció por culpa de Netflix, que cumple el mismo servicio con menos personal y con la ayuda de la automatización. Sin embargo, Blockbusters nació en primer lugar porque podíamos realizar una producción en masa de reproductores de VHS/DVD lo suficientemente baratos para una población que ya disfrutaba de buena alimentación y vivía en hogares con televisores. Pero me estoy yendo del tema. La conclusión es que una mayor capacidad de trabajo a nivel global, ya sea a manos de personas, robots o algoritmos, produce un impacto positivo en nuestra vida y tiene la posibilidad de hacerlo de manera sostenible. Retroceder no es ético; no explotar el potencial de la robótica y la IA tampoco lo es y la única opción es seguir adelante.

Seguir adelante (cómo crear IA)

En consecuencia, en un futuro previsible, se podrá mejorar en gran medida gracias a un potencia informática más rápida y más eficiente y a un mayor número de sensores más accesibles. Se está trabajando en muchos problemas individuales, como los de percepción, navegación o procesado de lenguaje natural, en muchos casos de forma aislada. Pero nunca se ha conseguido nada importante de forma aislada  y los grandes avances en robótica e IA solo podrán conseguirse con una integración eficiente de sistemas. Existen en la actualidad numerosas iniciativas paralelas que tratan de formalizar middleware (o, lo que es lo mismo, pegamento de software) con el fin de integrar de manera eficiente componentes de software ya existentes en la robótica. Además, se está considerando la ingeniería de sistemas basada en modelos para que los diseñadores puedan diseñar sistemas complejos, de arriba abajo, de manera más eficiente.

GMV SPS está liderando el camino en middleware (HRAF, ESROCOS) y en ingeniería de sistemas basada en modelos (ESROCOS, HRAF) en Europa, así como en el campo de la autonomía integrada (ERGO, ADE). Creo que estas actividades de integración de sistemas serán un factor clave en la capacidad para llevar la IA a aplicaciones del mundo real con rapidez y eficiencia.

Además de todo lo explicado hasta aquí, propongo tres reglas que podemos seguir para acelerar el impacto en el mundo real de los robots inteligentes:

REGLA 1: No hay mente sin cuerpo.
Como se ha comentado más arriba, no podemos separar el software del hardware. Toda iniciativa en el ámbito de la IA requerirá también avances en los equipos, incluyendo arquitecturas de computación y sensores. El mayor impacto para un futuro sostenible será el que consiga la IA qué este incorporada a robots capaces de moverse libremente y de interactuar con el mundo real, colaborando entre sí. Para las iniciativas que se desarrollen en un futuro próximo no debemos tratar de separar estos dos componentes, ya que se ganará mucho con el avance de ambos.

REGLA 2: La inteligencia se encuentra en el ojo del observador.
Esta regla significa que pronto tendremos sistemas que parecerán inteligentes en determinados contextos, para determinados observadores y en unos escenarios concretos. En mi opinión, se toma demasiado literalmente la prueba de Turing, cuando, lo que la prueba significa realmente es que basta con que los humanos observemos de manera continuada comportamiento inteligente en un robot, para poder llamarlo inteligente. No importa que no sean verdaderamente inteligentes, solo sofisticados, y que fallen en algunos casos que pueden resultar obvios para los humanos. Lo que importa de verdad es que pueden automatizar tareas del mundo real con una tasa suficientemente elevada de éxito como para hacerlos viables económicamente, haciéndolos enormemente útiles; de hecho, la mayor parte, si no toda, de la revolución hacia un futuro sostenible y próspero puede lograrse por medio de estos sistemas. No pasa nada por llamarlos inteligentes, aunque no lo sean del todo.

REGLA 3: No perder nunca la curiosidad.
Aprender es la parte más importante de la IA y nuestro objetivo debería ser crear sistemas de automejora. Esta regla no debería limitarse a formación, como los actuales sistemas de aprendizaje automático, sino aprender durante la ejecución de tareas. Y más importante aún, experimentar más allá de los parámetros iniciales de la tarea. Estos sistemas deberían poder gestionar un despliegue a largo plazo. En la actualidad, los sistemas robóticos se limitan a un despliegue de una sola vez o a formación a través de simulaciones. Los humanos somos capaces de un desarrollo autónomo continuo de hasta 100 años. Con nuestros robots tendremos la capacidad de aprender de forma continuada y acumulativa durante 1000 años o más de desarrollo en el mundo real.

También, como diseñadores, deberíamos aventurarnos a nadar contra corriente y dar a las ideas radicales una oportunidad, sea de éxito o de fracaso.

Nuestros amigos

Todo lo que acabamos de exponer es simplemente Inteligencia Artificial tal como se define en un reciente informe de la Cámara de los Lores:

Tecnologías con la capacidad de desempeñar tareas que requieren inteligencia humana y la capacidad para aprender o adaptarse a nuevas experiencias o estímulos.

Esta definición puede producir IAG con la que poder hablar e interactuar a la perfección. Pero el concepto mismo de inteligencia no está bien definido y la inteligencia no es necesariamente consciencia. Hoy en día no sabemos de ninguna criatura o sistema al que podamos llamar inteligente pero no consciente y, del mismo modo, no sabemos de ninguna inteligencia que exista fuera de la consciencia (o de un cuerpo). Sigue por verse si podremos llamar a nuestra mayor creación, la IA, sistema o amigo. Por ahora, quizá podamos probar con niños.

Jugando con fuego

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Mientras caminaba por las calles espesas de niebla de Oxford me topé con un artista callejero que hacía malabares con fuego. Viendo su actuación, que ya le gustaría a cualquier laboratorio importante de robótica reproducir en sus mejores plataformas robóticas, reflexioné sobre la conferencia a la que acababa de asistir. Creo sinceramente que lo que llamamos IAG es posible. También creo que todavía nos falta mucho camino por recorrer aunque, si pensamos a largo plazo, o quizás en algún giro imprevisto en un futuro más inmediato de la IA, podríamos hacernos esta pregunta: ¿estamos jugando con fuego? ¿Un error, una maniobra demasiado ambiciosa y nos quemamos? Posiblemente. Pero, ¿dónde estaría la humanidad sin fuego?

Notas del autor: los enlaces no dirigen a definiciones y ni siquiera a la reflexión más importante sobre el texto resaltado; sin embargo, espero que sí dirijan al tema relacionado que más pensamiento provoque. En este texto mi intención no ha sido dar una descripción general de la IA y la robótica, sino tratar sus implicaciones y la dirección que pueden seguir. Para las personas interesadas, recomiendo las siguientes lecturas (para empezar):

Artificial Intelligence: A Very Short Introduction (libro de bolsillo) – 23 agosto 2018, de Margaret A. Boden; ISBN: 9780199602919

Robotics: A Very Short Introduction (libro de bolsillo) – 27 septiembre 2012, de Alan Winfield; ISBN: 9780199695980;

Autor: Aron Kisdi

Las opiniones vertidas por el autor son enteramente suyas y no siempre representan la opinión de GMV
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