Fake news: ética, democracia y libertad

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Ofensiva ante las elecciones europeas de 2019

La palabra “fake” se ha popularizado y acompañada del sustantivo news se reconoce por todos como la noticia falsa, la mentira de toda la vida, pero difundida masivamente a una velocidad de vértigo por las redes sociales, sin filtros ni reflexiones previas a su lanzamiento.

No hace mucho hemos presenciado como este tipo de “noticias” habrían cambiado el sentido del voto de los americanos en sus últimas elecciones. También hemos sabido de la supuesta interferencia rusa en el referéndum del Brexit o los movimientos realizados por los independentistas catalanes en el exterior para difundir “su versión” más allá de España.

A las puertas de una batería de comicios tanto europeos como nacionales, la UE no se la quiere jugar. Oriente Medio, el norte de África, los Balcanes y, sobre todo Rusia, son ─según la llamada “célula de fusión de la UE contra las amenazas híbridas“, unidad de vigilancia integrada en el Centro de Análisis de Inteligencia de la UE─ las dianas que vigilar. Es sabido que, en San Petersburgo, el Kremlin dispone de un equipo de unas mil personas, trabajando jornada completa con el objetivo de que un batallón de bots contamine con fake news redes sociales como Facebook o Twitter. La inversión destinada a este objetivo es de 1.100 millones de euros.

De momento, para blindar las próximas elecciones europeas de 2019, Bruselas ha puesto sobre la mesa un plan de acción con una batería de medidas entre las que se incluye incrementar de los 1.9 millones de euros invertidos en 2018 a la lucha contra la desinformación a 5 millones en 2019, con la vigilancia sobre las redes sociales como epígrafe destacado. Asimismo, la Comisión también propone la creación de un “sistema de alerta rápida” para garantizar “la respuesta conjunta y coordinada” de todos sus socios frente ataques propagandísticos. El impulso de medidas de apoyo para facilitar la cooperación transfronteriza entre medios de comunicación; la creación de equipos independientes de verificadores de datos (fact-checkers) y el lanzamiento de campañas destinadas a inculcar el estado de alerta en la opinión pública frente a posibles tergiversaciones, son otras de las propuestas del mencionado plan de acción.

Redes sociales y responsabilidad ciudadana

Si Internet ha supuesto un revulsivo para la prensa papel y audiovisual tradicional, con la irrupción de plataformas digitales que actúan como “agregadores y distribuidores de contenido sin adoptar necesariamente las estructuras y funciones editoriales de dichos medios” (1), las redes sociales dan una nueva vuelta de tuerca que exige a los mass media un “total re-stiling”.

En las facultades de periodismo aún se manejan conceptos y técnicas como la deontología periodística o la ética; la verificación y contraste de las informaciones acudiendo a fuentes fiables antes de enviar noticias a edición… e incluso se apela a la responsabilidad del informador con la sociedad. En palabras de Elsa González, quien fuera Presidenta de la Federación de Asociaciones de Periodistas de España (FAPE) “defender la verdad es hacer Periodismo, pero además es construir libertad y reafirmar la democracia”.

Cuando Edmund Burke, en su discurso ante la Cámara de los Comunes del Reino Unido, en 1787, reconoció a los periodistas sentados en la tribuna del Parlamento como el cuarto poder (siguiendo a los Lores Espirituales, los Temporales y los Comunes), no hizo más que constatar una realidad. 231 años más tarde, asumido por todos el papel de la prensa en la sociedad, irrumpe en escena una “nueva tribuna” a la que podría reconocerse como sexto poder, las RRSS. No en vano, en la universidad se analiza su papel en la política y en los movimientos sociales (2), siendo herramientas utilizadas por los partidos en sus campañas.

Si a los “comunicadores” se les presupone la observancia de la deontología profesional periodística en su trabajo, ante la aparición de un presunto “sexto poder” (The Fifth Estate ya se lo atribuyó a WikiLeaks el productor Steave Golin basándose en la novela Inside WikiLeaks de Daniel Domscheit-Berg) constituido por vastas “redacciones” de ciudadanos anónimos vertiendo mensajes inmediatos a la red, cabría preguntarse: individualmente, ¿somos cautelosos, prudentes, éticos, antes de publicar noticias o hacernos eco de ellas? ¿Contrastamos en medios fiables y verificamos que la noticia recibida no es un fake evitando así convertirnos en cómplices de una campaña de desinformación o manipulación?

Es una realidad que los ciudadanos, en este nuevo siglo, gracias a la tecnología, tenemos mayor protagonismo en numerosos ámbitos y se nos ha empoderado. En el caso de la relación con las Administraciones Públicas, éstas comienzan a brindar la oportunidad de participar en el diseño de actuaciones en nuestros barrios o sus ciudades. La política “semi-transparente” y participativa da derecho no solo de elección, sino también, de proposición. De la misma forma sucede con la ciencia. La denominada “ciencia ciudadana” promovida por la Unión Europea, propicia que las personas nos involucremos en investigaciones para encontrar cura a las principales enfermedades de nuestro siglo. Como ejemplo podemos citar MOPEAD, un proyecto para la detección precoz del Alzheimer que trabaja bajo el modelo de “ciencia ciudadana” y en el que quienes nos preocupamos por la salud de nuestro cerebro o del de nuestros seres queridos, podemos participar cumplimentando los test de memoria disponibles en la web. Nadie discutiría que lo anterior es un avance, porque entre otras cosas, la comunicación entre administración y administrados o investigadores y ciudadanos mejora; el grado de involucración en lo que es de todos se incrementa.

Como ciudadanos empoderados, participativos y responsables, cabe apelar a la conciencia y la ética de todo usuario de redes sociales con la pretensión de que, antes de difundir una noticia, se piense un par de veces, se contraste, se analice… ya que, en lo que es de todos, nos la jugamos. Siendo los ciudadanos españoles los más preocupados por la vulnerabilidad de nuestros procesos electorales, como pone de manifiesto el Report “Democracy and elections” del Special Eurobarometer 477 (3), está en nuestras manos sumarnos al ejército propagador de fakes o denunciar y frenar las fakes, o las mentiras de toda la vida.

  1.  https://eur-lex.europa.eu/legal-content/ES/TXT/?uri=CELEX:52018DC0236
  2. La comunicación política y las nuevas tecnologías. Coordinado por Ramón Cotarelo García e Ismael Crespo Martínez. http://catalogo.rebiun.org/rebiun/doc?q=978-84-8319-773-8+%7C%7C+9788483197738&start=0&rows=1&sort=score desc&fq=msstored_mlt172&fv=LIB&fo=and&redo_advanced=false
  3. https://data.europa.eu/euodp/it/data/dataset/S2198_90_1_477_ENG

Autor: Maole Cerezo

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